LA ROSA HECHA ESCUDO / HUESOS SECOS

Eduardo A. Fracchia

AHORA QUE ELLA ESTÁ CONMIGO

Ahora ella está conmigo,
y aunque siempre estuvo muy lejos, sé que vino para quedarse
y que no habrá mas olvido.

Ahora está conmigo y no volver· a sorprenderme;
tampoco volveré a caminar con pasos inciertos por avenidas de sombra
desde que ella está conmigo.

Su callada ternura me conmueve
y su blancura me envuelve, pero no tengo frío.

Me pide que la mire con otros ojos, con otra mirada
la que mira en la profundidad de la ceniza,
ese fuego inocultable hecho añicos.

Ahora todo lo comprato con ella:
maestra y discípulo, los dos nos perseguimos;
unas veces me persigue ella y otras yo la persigo,
pero los dos sabemos que hay un instante
en el que dejaremos de perseguirnos.

Se trata de un juego
en el que siempre se vuelve al principio.

Como con tantos otros,
ahora ella está conmigo, muchas veces inconfesable como una culpa
o una gota de sangre en un cuchillo.

Podría acusarla de infidelidad,
pero no es ella, acaso, quien me sostiene en medio del fulgor
del espanto y del aullido?

Desde que está conmigo aprendí que no hay que acobardarse
ante el abismo,
y también la importancia de saber volar
con corazón de niño.

Ahora mis ríos fluyen por cauces explícitos;
oigo otra música
y asú parezca que es la misma, es otra aunque mis oídos
sean los mismos.

Ahora ella está conmigo;
sé que no me abandonar y no me asusta: estar cerca de ella
me hace sentir más vivo,
con más fuerzas para llenar mis ausencias
y amar más allá de lo permitido.

Desde que está conmigo
presiento que puedo descubrir de donde surge el manantial de la belleza
y el momento exacto en que el amor se convierte en vino.

Ahora que ella está conmigo mis recuerdos son una sola presencia,
el pasado ya no es pasado ni el tiempo un castigo.

Ahora es mi cómplice,
y por más que no la quiera, debo amarla aunque desa un desatino.

Ella me enseño que lo único que puede detenerla es el amor,
esa antigua locura que algunos confundimos con la vida,
no sé si por ignorancia, inocencia o descuido.

En su delicada armonía,
ahora los dos estamos en los dos: yo con ella y ella conmigo.

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