La Biblioteca

La Biblioteca de la Fundación cuenta con un acervo de más de 12.000 volúmenes, que están siendo clasificados profesionalmente, y de los cuales unos dos mil están autografiados por sus autores, muchos de fama mundial.
No obstante, se trata de un acervo todavía lamentablemente disperso. Una parte está actualmente guardado en cajas y precarios entablonados en la misma Planta Baja del edificio que estamos refaccionando, y otra parte se encuentra en domicilios particulares de las ciudades de Resistencia y Buenos Aires, a la espera de adecuadas instalaciones. Conjuntar y terminar de clasificar este tesoro es urgente.


De todos modos nuestra Biblioteca ya presta servicios, al igual que la Hemeroteca, y eso es un orgullo para nosotros, porque a pesar de las incomodidades y la precariedad del espacio actualmente disponible, más de tres mil volúmenes se encuentran ya en servicio al público. Y además, desde allí se impulsa la creación de modestas bibliotecas escolares y/o se brinda apoyo a diversas bibliotecas de escuelas marginales y de zonas postergadas del Nordeste Argentino, en todos los casos mediante la provisión de libros, materiales y asesoramiento gratuitos.

De todos modos, es indudable que diariamente enfrentamos limitaciones, dada la actual imposibilidad de terminar la recuperación del edificio de la calle José María Paz 355. E incluso, una vez terminado todavía habrá que conseguir el necesario equipamiento bibliotecológico.


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Pero la Biblioteca ya es un hecho, y tenemos previsto que cuando se terminen las obras de resignificación y funcione a pleno la Casa de la Fundación, ocupará casi toda la planta principal y tendrá capacidad para más de 40.000 volúmenes. Contará con una gran sala de lectura y exposiciones, con una extraordinaria Hemeroteca —ya en marcha— especializada en Revistas Literarias, y allí estarán disponibles todos los archivos, originales, materiales y ejemplares existentes de la hoy desaparecida revista “Puro Cuento”.
   

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También se prevé una Audio-Videoteca que contendrá todas las conferencias, diálogos abiertos, ponencias y reportajes de los más de 350 intelectuales nacionales y extranjeros que han visitado la Fundación, y a cuyo patrimonio inicial hay que añadir las copias de todos los programas de televisión emitidos en sistemas de cable bajo los títulos “Puro Cuento” (1992) y “El País de las Maravillas” (1996).

PONENCIA ante la 39a. Reunión Nacional de Bibliotecarios
Buenos Aires, 20 de Abril de 2006
Presentado por Blanca América Villanueva
(Bibliotecaria de la Fundación Mempo Giardinelli)

En primer lugar deseo agradecer a ABGRA la invitación a este Congreso. En forma personal por supuesto, pero más en nombre de la Fundación Mempo Giardinelli, que es la institución que hoy me honra representar ante un auditorio que, con seguridad, es uno de los más competentes del país en el tema que nos ocupa.
Como dije, mi trabajo se desarrolla en la Biblioteca de la Fundación Mempo Giardinelli. Esta institución es una Organización No Gubernamental, que no tiene fines de lucro y que se dedica al fomento de la lectura en el Chaco Argentino.
Pero lo hace desde una perspectiva social, que forzosamente se impone, toda vez que la región concentra el más alto índice de pobreza e indigencia del país. Sólo para dar una idea: investigaciones recientes mostraban que el 70% de los chaqueños menores de 18 años son pobres.
Naturalmente, en ese contexto desolador, circulan pocos libros. Aunque existe una red importante de bibliotecas públicas y populares que no da abasto para atender consultas escolares y universitarias y trabaja de forma ejemplar, con esa triste economía regional los libros dejaron de ser objetos que se encuentren cotidiana y naturalmente en los hogares. Están lejos de la vivencias de nuestros chicos. Son casi un lujo.
Cuando hace cinco años llegué a la Fundación para hacer la que se suponía sería una fugaz pasantía universitaria jamás imaginé que iba a apegarme tanto a la labor que tenía por delante. Y con seguridad, desconocía el tamaño del desafío que implicaba.
Y es que la biblioteca de la Fundación presenta una serie de particularidades que, desde su origen, la hacen bastante especial.
Nació cuando el fundador de la institución, el escritor Mempo Giardinelli, decidió poner su biblioteca personal a disposición del público. Como podrán imaginar, la colección de libros que pudo haber acumulado alguien que recibió el Premio Rómulo Gallegos es la de un lector selectivo y voraz. Ese acervo inicial estaba constituido por unos 7 mil volúmenes de la mejor literatura universal clásica y contemporánea.
Entre otras singularidades encontré:
• Colecciones completas de revistas culturales y universitarias latinoamericanas, europeas y norteamericanas, algunas de cuyas suscripciones siguen vigentes.
• Una enorme sección específica del género cuento, universal pero con énfasis en autores latinoamericanos contemporáneos y que fuera la base bibliográfica de la mítica revista Puro Cuento, editada por Giardinelli entre los 80 y los 90, durante 6 años.
• Cientos de libros anotados y autografiados por autores contemporáneos de las más diversas procedencias. Sólo para que puedan hacerse una idea, ese acervo está lleno de anotaciones de Juan Rulfo, Juan Filloy, Augusto Monterroso, Osvaldo Soriano, Juan Gelman, Luis Sepúlveda, Ricardo Piglia, Antonio Skármeta y Rosa Montero, entre muchos otros.
• Libros excelentes de pequeñas editoriales latinoamericanas que difícilmente hayan entrado al mercado argentino alguna vez.
• Y además está la colección de libros del propio Giardinelli: la infinidad de versiones de un best seller como Luna Caliente, las traducciones de sus obras a más de veinte idiomas, casi todas las primeras ediciones, los libros de crítica académica de las más diversas universidades del mundo sobre ese corpus, que no está reunido en ninguna otra parte.
Catalogar y preservar ese patrimonio literario único es una de mis principales funciones. Sólo por estos materiales específicos la biblioteca recibe on line centenares de consultas de especialistas de universidades europeas, norteamericanas y latinoamericanas a quienes hay que atender en su diversidad. Hay que comprender su imposibilidad de acercarse a ese rincón que queda tan lejos de Dios que es Resistencia, e incluso de Buenos Aires, y ayudarlos a detectar aquello que están buscando y generalmente digitalizarlo para hacérselo accesible.
En principio, el trabajo para una rápida recuperación de esa información se hizo en base a los criterios de orden originales del patrimonio, reproduciéndolo de manera digital. Recién ahora comenzaremos la catalogación en sistemas estandarizados , compatibles con las redes de las bibliotecas del mundo.
Pero además de esa función de custodia y de difusión, la biblioteca cumple, como ya comenté, con una fuerte y sostenida labor social y de fomento de la lectura literaria.
La parte del catálogo que más se utiliza para esto es la de Literatura Infantil y Juvenil. Y esto es así porque dinamizar la demanda de lectura en una comunidad empobrecida es siempre un objetivo a mediano y largo plazo. Y además implica trabajar con niños, adolescentes y jóvenes.
La gestión de libros para proveer a los diferentes programas y voluntariados de lectura que la Fundación ha creado es compleja, pero posible.
Un gran desafío es la permanente atención que demanda el Programa de Abuelas Cuentacuentos. Aunque desde la coordinación se les dan criterios para la selección de textos, las abuelas siempre solicitan nuevos materiales y ayudas para elegirlos. Ellas leen para más de 25 mil niños y jóvenes sólo en el Gran Resistencia. Lo hacen en forma sistemática y tenaz, y esto significa que cada semana, cada abuela llega a los mismos chicos pero siempre con diferentes libros. Esto en teoría debería significar que los libros circulan entre ellas con cierta facilidad, pero no es así, pues los niños, con su natural tendencia lúdica de repetición, piden que cada abuela tenga siempre a mano los cuentos que desean escuchar una y otra vez. Esto hace que la mayor parte del acervo de literatura infantil y juvenil esté en la calle, o, mejor decir, de mano en mano y de boca en boca. No deja de ser un buen destino.
La Biblioteca de la Fundación Mempo Giardinellli atiende también otros voluntariados. Uno de ellos es el de lectores amigos; otro es el voluntariado de Médicos Lectopediatras; tenemos un grupo de Lectura Acompañada para adultos. Y así cada uno se reúne en la sede de la Fundación a leer lo que no tienen tiempo ni tranquilidad para abordar en sus casas.
Asimismo, desde la Biblioteca de la Fundación proveemos permanentemente materiales a las bibliotecas de las salas de espera de nuestros 43 Lectopediatras Voluntarios. También para las bibliotecas de los 4 salones del Programa de Asistencia a Comedores Infantiles que patrocina la Fundación.
Para todo esto es crucial el apoyo que nos brinda la Campaña Nacional de Lectura, que nos provee regularmente de los títulos editados por el Ministerio de Educación de la Nación y que yo misma administro celosamente.
Como he dicho, no se trata de entregar y desentenderse de los libros, sino de coordinar los materiales de lectura de un enorme voluntariado, compuesto por más de 200 personas, que hoy se ocupan de leerlos y hacerlos leer. Es decir: HACER CIRCULAR LIBROS AUNQUE ESCASEEN, y aunque no puedan quedar en manos de los niños, igualmente convertirlos en objetos de su vida cotidiana.
Quiero hacer una mención especial sobre la labor específica que se cumple en el comedor Piacenza Solidaria, en el barrio Villa Palermo II, que es uno de los más pauperizados y marginales del Gran Resistencia. Este es uno de los comedores a los cuales la Fundación provee de leche y otros alimentos diariamente. Allí, cada semana, tres abuelas y yo, con una caja de cuentos, nos instalamos a leer hasta que cae la noche, a los 260 chicos que se reúnen en pequeños grupos después de haber merendado. Esos niños privados de todo pero que reciben consistentemente lecturas de calidad, nos esperan ansiosos, se entristecen cuando una lluvia anega el camino de acceso al barrio y no podemos llegar. Como ven, los viernes a las 5 de la tarde me toca el trabajo más gratificante de todos.
Hoy estamos en esta mesa para hablar de diversidad y creo que ése es el concepto que sobrevuela esta experiencia: la de un trabajo en el que es preciso atender las demandas de académicos de todo el mundo que asisten a nuestro Seminario de Literatura Argentina o a nuestro Foro Internacional, y a la vez no desapegarse de las necesidades del entorno. Incluso es posible que el amor por la lectura, si se gestiona bien, se convierta en el nexo entre un público que tiene mucho para dar y el otro, necesitado de todo.
Y ahora voy a contarles lo más extraño de mi experiencia. Todo lo que les describí sucede sin que tengamos aún el lugar definitivo para alojar tantos libros. En 2001 el Gobierno de la Provincia cedió a la Fundación en comodato un edificio para reconstruir. Con gran esfuerzo y con fondos de donaciones privadas se ha logrado recuperar en un 20%, pero todavía no hemos podido rescatar el sector que alojará este patrimonio bibliográfico, que ha crecido y hoy llega a casi 13 mil volúmenes.
Algunos libros todavía están en cajas y muchos resguardados en lo que será el depósito de alimentos del Programa de Asistencia a Comedores Infantiles. Esperan a los usuarios en estanterías provisorias donadas por ABGRA y por la Librería Yenny, más tablones que nosotros vamos improvisando. Todo esto prueba que se pueden hacer cosas aún en condiciones que no son las ideales.
Desde marzo pasado tenemos un salón que funciona como sala de lectura y espacio para consultas y de trabajo.
Una última reflexión que quisiera compartir con ustedes y que es la mejor lección que aprendí en estos breves pero fructíferos años de trabajo: es necesario que en la formación del bibliotecario se incluya la construcción del lector. Ninguna técnica, ningún sistema estandarizado de catalogación, nada reemplaza el saber sobre los libros que acumula y puede compartir quien los ha leído y amado. Y esa función de mediación es la que debemos ejercer los bibliotecarios, nuestro mayor orgullo. *